Una herida abierta (protejamos los árboles)

En Tarapoto vivir y soñar es lo mismo.

La música proveniente de las casas empieza a escucharse al compás de los primeros rayos de luz con los que el sol pinta de vida al que es uno de los lugares  más hermosos del mundo. A solo metros de la ciudad, el verde que inunda los paisajes, las nubes de color rosa, la rareza única de árboles exóticos, aves coloridas, la diversidad inacabable de una fauna abundante y las sonrisas de gente sencilla que baila cuando camina y canta cuando habla, se complementan para conformar un paraíso terrenal que la naturaleza decidió crear en plena selva peruana. Perfecto y deslumbrante, es imposible poner un pie en este lugar sin ser invadido por una poderosa necesidad de protegerlo.

Tarapoto no es solo un paraíso, es una necesidad. La deforestación mundial ha alcanzado niveles nunca antes vistos. El ser humano depreda incansablemente los recursos que garantizan su propia existencia con una irresponsabilidad tan dolorosa como incomprensible. Una industria multimillonaria que promueve actividades ilegales como la tala de árboles, la minería informal y el tráfico de tierras, ha consolidado un mercado de la muerte que saquea sin piedad todos los bastiones naturales que mantienen la vida en nuestro planeta.  A esta tragedia se le suma una inmensa ignorancia que promueve una falsa abundancia de recursos donde en realidad solo existe una delicada articulación de ecosistemas. El ser humano está llamado a proteger la vida, sin embargo, esta frágil armonía natural está siendo amenazada por la avaricia de hombres inescrupulosos que se apoyan en la pobreza de locales olvidados por sus países quienes, contradictoriamente, encuentran una manera de sobrevivir destruyendo la vida. El hombre mata en horas lo que la madre naturaleza creó meticulosamente durante siglos, y es precisamente esta desproporción la que amenaza la continuidad de nuestra especie.

Como habitual visitante a la ciudad de Tarapoto he sido testigo de esta terrible agresión a la naturaleza. Hace solo unos días Laura me pidió que la acompañara a la ciudad. Pedimos un mototaxi para recorrer los treinta minutos de camino que separan el pueblo de Aucaloma de Tarapoto. Treinta minutos que son el sueño de cualquier viajero. El cielo descubierto es invadido por aves exóticas cuya belleza sólo puede competir con la de árboles y flores que no pueden encontrarse en ningún otro lugar del mundo. Lamentablemente, esta vez el asombro y la gratitud que sentía siempre al transitar este camino fueron reemplazados en cuestión de segundos por odio y dolor. Un inmenso tractor perpetuaba una gigantesca herida en medio del paisaje. Con la justificación de lotizar varias hectáreas, los herederos de una sola familia decidieron arrancarle un inmenso trozo de piel al valle con la intención de vender los lotes a un precio miserable. Una máquina había dejado una llaga en medio de la tierra, la cual al deslizarse se movía como una herida en carne viva que latía de dolor, sin que nadie pudiera curarla, o por lo menos lo intentara.

una herida abierta en medio del bosque

El precio de la escasez

Es doloroso decirlo, pero a veces siento vergüenza de ser un ser humano. No es sólo nuestra incapacidad para proteger la vida, es esa soberbia que nos hace creer que tenemos el derecho de destruir lo que la naturaleza ha diseñado de manera perfecta. No es solo nuestra inmadurez o la maldad que somos capaces de expresar, en realidad es nuestra indiferencia la que nos impide atacar el problema de la conservación del planeta, generando y transmitiendo las ideas que nos ayuden a cumplir nuestra función de proteger todo aquello que vive. Tal vez esto finalmente pase cuando una herida en medio de la selva virgen nos duela tanto como si fuera nuestra piel la que es arrancada, y nuestro propio corazón el que termine expuesto por la herida, exactamente como pasó conmigo, en aquella soleada mañana, en la que la ignorancia humana decidió hacerle daño al paraíso.

Cuando considere comprar un terreno, pregunte “¿dónde están los árboles?”

Escribo la frase “ignorancia humana”, porque incluso para lucrar ilegalmente es necesario manejar ciertos conceptos, por más elementales que sean. No es necesario un título en economía para comprender el principio de escasez. Este explica lo siguiente: El precio de cualquier cosa se aprecia o se deprecia según el nivel de dificultad con la que pueda ser adquirida. A más escaso más caro, y viceversa. En el marketing se utiliza mucho el término “exclusivo” para referirnos a este principio. Solo pon esa palabra después de cualquier otra e inmediatamente se entenderá que estamos hablando de cualquier cosa menos de algo barato. Bajo esa lógica quisiera hacerles una pregunta: ¿Qué puede ser más escaso que un árbol fabricado cautelosamente durante décadas y que no existe en ninguna otra parte del planeta? ¿Cuál es su precio? Bueno, aunque no lo crean, he conocido a hombres que piensan que destruir cincuenta de ellos no debe costar más de seis mil soles peruanos.

Menos de dos mil dólares es el precio por el cual algunos empresarios locales venden un lote de terreno en medio del paraíso. Lo estúpido es que antes de hacerlo, lo “limpian” quitando todos los arboles, destruyendo su valor diferencial más escaso. Los árboles que hemos mencionado no solo son devaluados absurdamente, sino que además son destruidos para siempre, causando un inmenso impacto sobre el planeta y la vida humana. La destrucción que sucede en Tarapoto no solo responde a uno de los atentados más brutales que he podido presenciar en contra de la naturaleza, sino que además es imposible proponer una movida financiera más absurda.

36 años de deforestación en Mato Grosso, Brasil / Google earth

Salvar a Tarapoto también es una reivindicación para la humanidad. Google Earth, en asociación con la Nasa, publicó una timeline que muestra la destrucción causada por el hombre en la selva de Mato Grosso en Brasil. Solo diez segundos dura el resumen espantoso de treinta y seis años en los cuales el hombre dejó en escombros de tierra asesinada lo que antes fue selva abundante y virgen. Eso es exactamente lo que pasará con el paraíso si seguimos permitiendo que arranquen su piel. 

Si el amor por la naturaleza no alcanza para convencer al ser humano de cumplir a cabalidad con su misión de proteger la vida. Si la escasez de oxígeno para las próximas generaciones de seres humanos o la destrucción de la abundante fauna del planeta carecen de importancia para muchos, por lo menos colaboremos para orientar su codicia hacia procesos más óptimos.

Es posible rentabilizar el cuidado del planeta

Cuidando y preparando estas tierras para la presencia humana responsable. La matemática es simple: un pedazo de tierra habitable siempre valdrá más que un espacio de tierra que necesitará décadas en restaurarse.

El deterioro del medio ambiente es un problema que nos afecta a todos. No basta solo con entender la magnitud de esta amenaza, sino que resulta vital participar de la solución.

Tarapoto y Mato Grosso son solo algunos ejemplos de algo que ocurre en muchos lugares del mundo.

Es nuestro responsabilidad estar atentos y proteger el único planeta que tenemos.

No basta solo dejarle la responsabilidad a los políticos, sino que es necesario que todos los seres humanos sobre la tierra tomemos conciencia de la manera en la que estamos poniendo en peligro nuestro propio futuro.

Hay mucho por hacer, su atención y esfuerzo realmente podrían marcar la diferencia.

¿Qué puedes hacer?

  • Plantar más árboles.
  • Cuida los que tenemos. La naturaleza es tu hogar. No le haces un favor a nadie ocupándote de ella; te lo haces a ti mismo.
  • Al considerar comprar un terreno, exija mantener y proteger la flora y fauna de la zona.
  • Se consciente de los grandes beneficios que los árboles nos aportan. Son un elemento fundamental para el equilibrio ecológico del planeta. Sin ellos, tus pulmones son solo órganos.
  • Estén atentos y denuncien la deforestación. Nadie tiene derecho a entrar en tu casa y destruir tu jardín. El Amazonas es el gran jardín de la humanidad y hombres malvados lo destruyen a diario.
  • Explora pachama.com, teamtrees.org y salvaje.pe para apoyar proyectos de reforestación. Puedes plantar algunos árboles por el precio de una pizza.
  • ¡Abraza un árbol! Ellos pueden sentir tu amor <3. Sí, suena cursi, lo sé, pero si no actuamos ahora, es posible que no tengamos otra oportunidad.

¿Porqué me importa?

A lo largo de mi viaje, la naturaleza se ha convertido en una gran parte de mi ser. He sido testigo del poder de la naturaleza, he sido testigo de su fragilidad.

En estos días, estoy involucrado en un proyecto para la urbanización sostenible de Yanashpa Village. Estamos reforestando más de nueve mil plantas con gran cuidado por la diversidad y la sustentabilidad; también realizo donaciones a diferentes proyectos de reforestación de la amazonía peruana y habitualmente asisto a conversatorios con habitantes locales para explicarles la importancia que involucra proteger y conservar el obsequio que nos ha sido otorgado.

En los próximos años, planeo continuar con estos esfuerzos invirtiendo más en tecnologías verdes, reforestación y protección de nuestro planeta. Contáctame para colaboraciones, hay muchas oportunidades para explorar.

No tienes que convertirte en un ecologista a tiempo completo. Me basta con que te importe el futuro de todos. Desde sembrar un árbol por una donación de un dólar en plataformas como pachama.com o teamtress.org, o hacer algo tan simple como utilizar la cámara de tu smartphone para denunciar cualquier tipo de destrucción del medio ambiente en redes sociales. Conversa sobre el asunto y explícale a tu familia y amigos lo estúpido que resulta destruir el único hogar que todos tenemos.

No importa cuáles sean tus posibilidades, lo único inaceptable es tu indiferencia.

En la tierra de las nubes rosadas

Hace solo unos días observaba un machete, los lugareños lo utilizan para cosechar los sembríos o para hacerse espacio entre la maleza cuando desean adentrarse en la selva. Es curioso, pero una buena parte de la solución a este problema radica en utilizar adecuadamente el afilado metal de estos artefactos. Unos cuantos hombres podrían podar cuidadosamente tan solo unos cuantos árboles, preparando un terreno, cortando con mucho cuidado la melena verde del paraíso mientras crean el espacio suficiente para construir una casa de campo, hecha de bambú, rodeada de árboles.

Puedo imaginarme ese lugar: un refugio hecho de bambú con vista al arcoíris, sobrevolado por nubes rosadas que pueden observarse sobre la copa de los árboles. Me imagino una hamaca, el aire más limpio del mundo entrando por los pulmones y la extraña necesidad de apartarse de cualquier artefacto electrónico. Luego me imagino la calidez del atardecer dejando su brillo rojo sobre la tierra verde antes de que empiece la noche, y así todos los días con calma y paciencia, sintiendo cómo la naturaleza y el ser humano se obsequian mutuamente el tiempo suficiente para curar sus heridas.  

Yanashpa Village

El Nomad MBA relata los aprendizajes que me transformaron para siempre en un ser humano global. Sea el primero en leer, suscríbase hoy

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